Seguimos aprobando prórrogas del estado de excepción en La Araucanía y el Biobío, pero después de más de cuatro años los resultados siguen siendo insuficientes.
Chile necesita una estrategia clara, coordinada y eficaz para recuperar el orden público, proteger a las familias y devolver la tranquilidad a quienes viven y trabajan en las regiones afectadas.
No podemos normalizar la violencia, los atentados y el miedo como parte de la vida cotidiana.
Valoro las acciones recientes realizadas en Temucuicui, porque muestran que cuando existe decisión y coordinación, el Estado puede actuar. Pero esto debe transformarse en una política seria, permanente y con resultados concretos.
El Gobierno tiene la obligación de transparentar cómo están actuando los distintos organismos responsables y cuáles son las medidas reales para enfrentar el terrorismo y devolver la seguridad a la ciudadanía.
Las Fuerzas Armadas y Carabineros han demostrado en Chile y en el extranjero su capacidad profesional para resguardar el territorio y apoyar la seguridad. Lo que falta no son capacidades, sino conducción, coordinación y voluntad política.
Chile merece recuperar la paz y el Estado debe estar a la altura de ese desafío.