El CEO de Mowi Chile, Fernando Villarroel, espera que el Gobierno no acoja visiones extremas como «Áreas Protegidas Sin Salmoneras» para sumarlas a la nueva Ley Acuícola.
Para Fernando Villarroel, CEO de Mowi en el país, la industria del salmón “es y será el motor económico del sur de Chile”. En entrevista con El Mercurio, reveló los avances y los desafíos del sector productivo.
¿Qué grandes desafíos, obstáculos y riesgos enfrenta hoy la industria?
Un desafío importante es la percepción en términos de desempeño ambiental. Uno de los grandes retos que tenemos es lograr que la salmonicultura se transforme en un orgullo nacional. A nivel internacional, el salmón es catalogado como la proteína del futuro y eso acá no se destaca ni se reconoce lo suficiente.
¿Por qué no han logrado sacudirse el cartel de “bajo cumplimiento ambiental”, desde la crisis del virus ISA, en 2007?
No hemos sido lo suficientemente efectivos y hábiles para comunicar adecuadamente los beneficios de la industria, transmitir su importancia en el encadenamiento productivo en el sur del país, y los avances en desarrollo tecnológico, cuidado medioambiental y estándares internacionales.
Hace unas semanas, una publicación del Washington Post alertó sobre lo poco amigable con el medio ambiente del salmón chileno. ¿Es injusto?
Existe un gran desconocimiento y desinformación sobre los importantes avances que ha tenido la industria chilena en las últimas dos décadas, aunque más intensamente en los últimos 10 años, para producir de manera sustentable. Uno de los problemas es cómo mostramos y difundimos nuestra industria. Estamos convencidos de que es posible conciliar la producción con la conservación y protección ambiental. Más aún, la industria sigue haciendo esfuerzos muy relevantes para mejorar sus procesos.
¿Y comparado con Noruega, cómo está Chile?
Más de la mitad de mi carrera la he desarrollado en el extranjero. Se tiende mucho a comparar Chile con Noruega, y puedo asegurar que en términos de prácticas productivas, tecnología y estándares de sustentabilidad, no hay diferencias. En el caso nuestro, que somos una empresa global, aplicamos políticas globales y hacemos bajadas locales, lo que nos asegura un alto nivel y comparable con otros países. Si uno va a Noruega, Escocia o Canadá, lo que cambia es la forma de la jaula, porque acá usamos jaulas metálicas cuadradas, los otros países utilizan jaulas redondas de plástico, pero la forma cómo se alimentan, las prácticas de cultivo y los estándares, son los mismos.
Se critica el uso excesivo de antibióticos en Chile.
En Noruega, la causa principal de infección o de mortalidad es viral, para lo cual el antibiótico no funciona. En Chile, es una bacteria intracelular, y ha sido bastante complejo crear una vacuna efectiva que nos permita eliminar el uso de antibióticos. Además, los procesos para registro de vacunas son muy largos y demoran, en promedio, seis o siete años; hoy estamos como industria probando una nueva vacuna, pero es un proceso bastante largo.
El indicador de bienestar animal de Chile es mejor que el de Noruega, pero sin duda el uso de antibióticos es algo que nos preocupa y ocupa, y estamos trabajando fuerte como industria y como empresa.
Acá también ha habido casos de sobreproducción.
La regulación funciona diferente. En Chile tenemos un máximo de producción del ciclo completo; en Noruega tienen un máximo de biomasa permitido en un momento en el tiempo, y allá es más fácil detectar que llegas al tope, porque vas viendo que tu biomasa se va acercando al límite. Acá es más rígido y hay un porcentaje no menor de error estadístico de conteo.